miércoles, 8 de marzo de 2017

Los psicólogos, claves en el pos-conflicto y en el proceso de paz

Los psicólogos, claves en el pos-conflicto y en el proceso de paz


No solo deben cumplir una labor paliativa de los daños de la guerra. Son fundamentales para proponer estrategias

Por: Daniel Alejandro Páez Septiembre 09, 2015


La primera semana de septiembre se realizó el Congreso Colombiano de Psicólogos y la 1ª Conferencia Regional Latinoamericana que convocó a más de dos mil psicólogos de todas las partes del país. Se reunieron en un mismo espacio profesionales de múltiples enfoques, aplicaciones y líneas de investigación.
Hubo muchas críticas relacionadas con la organización logística del evento: ubicación de posters, no seguimiento estricto de los horarios de las mesas de presentación, e incluso, el costo de los almuerzos que triplicaban los precios de los restaurantes cercanos al Centro de convenciones.
Sobre lo último, fue notable cómo las palabras de apertura a cargo de la presidenta del Colegio Colombiano de Psicólogos, una de las organizadoras del evento, incluyeron una descripción sobre las condiciones precarias en términos laborales en que se encuentran los profesionales de esta disciplina en Colombia: bajos salarios, inestabilidad laboral, etc. y la evidente contradicción en contratar una casa de banquetes con escaso almuerzo a precios de lujo, obligando a muchos psicólogos a caminar hasta el cono urbano de la ciudad para poder almorzar, gastando tiempo valioso para asistir a más presentaciones. Una distancia entre el discurso y la realidad.
No obstante, el interés de esta nota no reside en esa anécdota, sino en algo que considero vale la pena resaltar: la inclusión de los temas relacionados con el desplazamiento forzado, el posconflicto, y el proceso de paz.
En todos, encontré una similitud: si se quiere armar un país en paz, con instituciones democráticas, con justicia a víctimas del conflicto armado de todos los órdenes, incluyendo a exiliados económicos o académicos, se tienen que concentrar todas las energías en apoyar el proceso de paz que actualmente lleva el gobierno en La Habana.
Diferentes expositores hablaron de la importancia de reconocer a los actores de este conflicto armado, pero la asepsia que caracteriza a la academia, hizo tímida la mención con nombre propio a las políticas de guerra de por ejemplo, Álvaro Uribe Vélez, y políticos afines a sus tesis, a pesar que fueron varios quienes expusieron los desastres de su gobierno en cifras de desplazados y víctimas.
Tampoco se mencionaron los efectos nocivos para la democracia que ha tenido la Ley 100 (de privatización de la salud), así como la Ley 30 (de educación superior), y sus intentos de reformarla para hacer participe al sector privado en las universidades públicas.
A los actores del conflicto hay que llamarlos con nombre propio, en opinión de este colega; no podemos los psicólogos cumplir solo una labor paliativa de los daños de la guerra; sabemos todos que hay formas de tramitar los conflictos por fuera de la violencia. La psicología ha aportado mucho en este sentido.
El investigador de la Universidad de los Andes Enrique Chaux, ha hecho aportes valiosos para la resolución de conflictos con el proyecto Escuelas en Paz y convivencia ciudadana, pero estos acercamientos pueden resultar insuficientes si los demás psicólogos que vamos a ser muy consultados en las próximas décadas sobre el conflicto y eventual posconflicto, no damos cuenta de las causas que han llevado a la violencia estructural del país, no sólo a atender a las víctimas para integrarlas a la sociedad, sino identificado a los actores que han sido participes de la violencia: medios de comunicación, empresarios, etc. y eso exige compromiso más que académico.
En psicólogo e investigador de la Universidad Javeriana Wilson López López resaltó en el evento la importancia de que los profesionales conozcan el informe Basta Ya del Centro Nacional de Memoria Histórica, a pesar de las críticas u omisiones que tiene.
Es verdad que la academia exige tomar distancia de las problemáticas, pero también es cierto, que es sumamente difícil entender la problemática de la guerra de Colombia sin hallar sus causas; las cuales son principalmente políticas y económicas, y si no se tiene una posición política clara, es difícil ser eficaces y planear rutas educadas a la solución de la violencia del país.
No hay que prestarnos a ambigüedades, ni a puntos intermedios, los psicólogos debemos tomar posición política a favor de la salida negociada al conflicto y proveer de herramientas y recursos profesionales para apoyar este proceso.
Seguramente encontraremos algunos desconfiados sobre el éxito de la salida negociada al conflicto, pero se trata de una apuesta.
No hay garantías de que el proceso culminará con éxito, pero tampoco hay certeza de su fracaso. La moneda está en el aire, y debemos apostar.
La probabilidad de perder existe, pero el futuro, y las categorías de paz y democracia no se imponen, sino se construyen. Empecemos entonces la tarea de ser constructores de paz, en medio de una apuesta incierta pero decidida a favor del fin de la guerra y tramitar nuestros problemas de otra manera.
Los psicólogos seremos fundamentales en proponer miles de estrategias y aportes a la sociedad que hoy ya nos mira con suma atención y expectativa.

Retos de la psicología en la construcción de paz en Colombia: ¿fatalismo o ingenuidad?

Retos de la psicología en la construcción de paz en Colombia: ¿fatalismo o ingenuidad?


Nelson Molina Valencia
 Universidad del Valle, Cali (Colombia)

Resumen

El artículo se propone refl exionar acerca del papel de la psicología en un escenario posacuerdo derivado de las negociaciones con las guerrillas en Colombia. Para ello se tienen en cuenta las condiciones teóricas provenientes de una visión de la guerra y el confl icto, que son analizadas considerando los escenarios epistemológico, teórico, profesional y metodológico. Se concluye con el análisis de la situación del posacuerdo, a partir de seis categorías desde la psicología social, que el trabajo que haga la psicología o bien puede ratifi car el fatalismo de la experiencia de la guerra o proponer escenarios generativos para la consolidación de la convivencia en Colombia.

Introducción 

Los procesos de paz en Colombia han activado un amplio conjunto de reflexiones. La psicología colombiana forma parte del debate y se propone cada día un número más amplio de ejercicios reflexivos y prácticos, con el objetivo de aportar a la construcción de paz en un país que ha naturalizado la violencia en la cotidianidad y ha especializado su actuar para mitigar las consecuencias. El año 2017 parece ser el momento para nuevas formas de relación, de comprensión de la convivencia y de subjetivación, que toman distancia de formas violentas. Si bien no es posible que los efectos de la confrontación armada terminen por completo, ni evitar que la violencia se extienda a otros escenarios, sí lo es que la terminación de hostilidades armadas por las guerrillas exija comprensiones pertinentes y acciones innovadoras por parte de todos y cada uno de los actores sociales, políticos y académicos del país en un contexto continental y mundial.
En 1987, Ignacio Martín-Baró presentó una conferencia en la Pontificia Universidad Javeriana Bogotá durante la conmemoración de los 25 años de la Facultad de Psicología en esa institución. Los contenidos de la psicología de la liberación fueron el centro de la disertación y, como no podría ser de otra manera, Martín-Baró hizo un llamado al compromiso social y político de la psicología latinoamericana para contribuir a la transformación de las condiciones de exclusión y de violencia que se vivían en Latino américa. Solo dos años después, en noviembre, fue asesinado en el propio campus de la Universidad Centroamericana. 
Desde entonces, ese llamado reiterativo del psicólogo social ha sido un referente para la construcción de escenarios de transformación, y Colombia no ha sido la excepción. La Psicología Social y algunas de sus áreas afines, como la Psicología Comunitaria y la Psicología Política, son las que mayor visibilidad han tenido en Colombia, de cara a la atención y la transformación de las condiciones de violencia política y social que ha enfrentado el país. Sin embargo, en los últimos años, otras áreas de la psicología, como la clínica, la jurídica, la organizacional y del trabajo e incluso la educativa, han dado muestras claras de su compromiso político con el entorno en el cual desarrollan sus trabajos profesionales y académicos.
 De esta manera, el reto para la construcción de paz desde la psicología es para todas las áreas teóricas y aplicadas de la disciplina, como ha sido en los últimos tiempos, motivo por el cual es importante iniciar reflexiones que fortalezcan los aprendizajes actuales y que proyecten estrategias y análisis para comprender la tan esquiva paz a través de la convivencia.



Psicología, guerra y posa cuerdo en Colombia

Cualquier consideración acerca de lo porvenir para la psicología en la construcción de paz, debe tener en cuenta algunas de las condiciones actuales de la disciplina, del país y de los aportes de otras áreas de conocimiento. La psicología, en su condición de disciplina y de profesión, debe establecer mayores puentes comunicantes entre sus dos comprensiones. Si bien la formación profesional se deriva de la comprensión académica, se debe asegurar cada vez más que la práctica profesional se siga nutriendo de las conceptualizaciones académicas, al tiempo que los desarrollos académicos respondan a necesidades propias del ejercicio profesional. Solo de este modo se podría garantizar su calidad permanente y la pertinencia académica de los trabajos investigativos. Se trata de un diálogo que de forma dialéctica responda de manera creciente a las necesidades del contexto sin perder de vista el diálogo con otros saberes y otros contextos geográficos regionales y mundiales.  

Lo que la psicología puede explicar

El contexto de posacuerdo define condiciones de transición entre la violencia y el desarrollo de la convivencia no violenta. Es en este escenario transicional que la acción de la psicología se hace posible, deseable y necesaria. Para ello es factible proponer seis categorías que pueden contribuir a este proceso: (a) posicionamiento e información, (b) autoridad y autoritarismo, (c) perdón y reconciliación, (d) maximalismo discursivo, (e) repertorios generativos versus repertorios deficitarios y (f) transformación del trauma psicosocial.

Perdón y reconciliación.

La psicología debe atender las condiciones que trabajen por el perdón y la reconciliación de manera diferencial, dado que suponen metas complementarias en lo ético e independientes en la experiencia. Walker y Gorsuch (2004) diferencian las dos categorías mediante un meta análisis de investigaciones al respecto. Las diferencias más relevantes son dos: la primera es el carácter emotivo y personal que caracteriza el perdón. La persona afectada decide otorgar o no el perdón a quien la ofendió, pero esta no es una condición segura para la reconciliación. 
El perdón depende de un trabajo emocional y reflexivo que llevan a cabo las personas y, por consiguiente, en el proceso de su construcción es importante el acompañamiento psicológico que permita a la persona otorgar o no el perdón, al tiempo que experimentar y elaborar el amplio conjunto de emociones vinculadas a él. 
La segunda diferencia se refiere a la reconciliación, como proceso colectivo caracterizado por las renuncias particulares de repetir el círculo de violencia que han causado las afectaciones. La voluntad de reconciliación se expresa a través de la renuncia a la venganza directa y violenta y, por ende, a la repetición de las acciones que causaron daño. Reconciliarse supone crear un vínculo con el ofensor de manera que participe del conjunto de relaciones no violentas que él no respetó en otro momento.

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